8 de marzo de 2010

Me han estremecido

Dicen que cuando empezó nuestra historia ella terminaba la universidad, el pelo le llegaba a la cintura y se lo lavaba todos los días, usaba pantalones pata elefante y blusas floreadas, comía damascos y escribía recados en el espejo con lápiz labial. Con ella aprendí que lo importante son los amigos con corazón grande, que las puertas de una casa siempre tiene que estar abiertas, que uno debe construir -el alma- con sus propias manos, que no hay que llorar demasiado, que a los hijos hay que soltarles la mano pero siempre abrazarlos y que la vida da muchas vueltas. Ella tiene un amor infinito y un coraje admirable. Ella es mi madre.

Hay otra historia que empezó cuando yo era una niña, ella llegó cuando yo dormía, cuando la vi por primera vez, era serena, un tono de piel blanco y unos ojos que alumbraban todo. Ella me enseñó que la vida no está siempre llena de colores, me enseñó a disfrutarla igual, me enseñó a que hay que tener ganas de levantarse todo el tiempo y a que siempre es poco el tiempo para amar. Esta historia terminó mucho antes de lo que yo quería, heredó el amor infinito y el coraje admirable. Ella es mi hermana, la Débora.

Esta otra historia empezó a tropezones, ella llegó cuando yo era adolescente, yo viajaba por el sur y ella impaciente se apareció por la casa de improviso, en su cabeza asomaban unos rulos y en sus ojos apenas unas chispitas. Con ella he aprendido a que los abrazos nunca son suficientes, que el corazón siempre tiene espacio para alguien más y que el sonido de la risa es un buen remedio para pasar una pena. También tiene un amor infinito y pucha que es corajuda. Ella es mi hermana, la Kenny.

Y si de historias hablamos, hay otra que se me presentó de sorpresa, ellas llegaron despacito, acompañando al amor de mi vida. Ellas me han enseñado lo generoso del amor y que la palabra “hermano” tiene un sonido y un sentido que va más allá de la sangre. Con ellas aprendo todos los días e intento transmitirles las historias de amor infinito y de coraje admirable. Ellas son mis hijas(tras), la Anto y la Amali.

Terminando las historias, hay una que empezó en una mañana algún marzo atrás, llegamos todas con bolsos grandes, pelos largos y cigarrillos, muchos. Arrastrando tan poco pasado que miro atrás y casi no hay pasado sin ellas. Juntas hemos aprendido que siempre hay que estar ahí, que los amores se lloran y se olvidan, que a veces es bueno emborracharse para pasar las penas, pero que no hay como emborracharse para celebrar los triunfos de las otras, que cuando una está pariendo las otras siempre van a correr y que los hombros siempre van a estar disponibles. Nos hemos enseñado nuestro amor infinito y nuestro coraje. Ellas son mis amigas, las Javis, la Ombli, la Fran, la Cata y la Guni.

Todas estas son mis mujeres, las de amor infinito y coraje admirable.


A 100 años de que se instalara el día internacional de la mujer, un homenaje a las mías, a las que siento más cerca y a las que han hecho de mi, la mujer que soy…

1 comentario:

antoantoanto dijo...

que hermoso el texto ! te quiero mucho :) felis dia atrazado